María Rojas Moya, la Cantinera del 4° de Línea, una historia para conocer compartir

0
83

Después de muchos años de que se apagara su vida en el puerto de Pisagua, allá por octubre de 1931, nuevamente ha regresado a las hermosas paginas de nuestra historia la cantinera del Regimiento 4° de Línea, María Rojas Moya, quien, al pasar un caminante que rinde homenaje a cada punto pampino periódicamente, lo llama para presentársele y le deja la tarea de contar a sus compatriotas que el soldado Rojas, que también fue cantinera, quiere contar su historia.
Miguel Riquelme Silva, el caminante del desierto, fue el afortunado que se acercó a su tumba tras ser convocado y que hoy nos comparte a través de unas simples fotografías una humilde lápida en papel que nos dice lacónicamente: «Aquí descansan los restos de la que fue veterana del 79 María Rojas Moya», que hoy se presenta ante nosotros.
Su último domicilio conocido fue Calle Esmeralda 315, Pisagua, en 1924, cuando eleva al Supremo Gobierno un pedido de poyo después de muchos años de terminados sus servicios en la guerra del Pacífico. Y lo hace de la siguiente forma:
Sr. Ministro de Guerra
María Rojas, a usted Señor Ministro de la Guerra respetosamente, le elevo la presente solicitud, para obtener del Supremo Gobierno, una pensión, por mis servicios prestados a la Nación, en la Guerra ante el Perú y Bolivia.
En el año 1879, en Antofagasta a la edad de 16 años, me enrolé en el Ejército el Regimiento 4° de Línea en la segunda compañía del primer batallón con el grado de Cantinera y con el nombre de Pedro María Rojas.
En el Regimiento según mis recuerdos, habían en él, los siguientes oficiales:
General José Domingo Amunátegui
Comandante Antonio Solo Zaldívar
Mayor José San Martín
Capitán Emilio Villagrán
Acciones en que me encontré:
En el año 1879 nos embarcamos en el puerto de Antofagasta en un transporte de Guerra, partiendo en el, con rumbo al Puerto de Pisagua. Llegando a este se verificó el primer combate en contra de los peruanos, siendo un gran triunfo del Ejército chileno, con la toma del Puerto de Pisagua.
De Pisagua nos dirigimos a Dolores por tierra, no habiendo en este pueblo ninguna novedad. De Dolores nos trasladamos, siempre por tierra, al pueblo de San Francisco, verificándose aquí una nueva batalla, triunfando nuestro Ejército.
De San Francisco regresamos a Pisagua embarcándonos nuevamente en un transporte, tomando rumbo al norte y en dirección al puerto de Ilo (Perú). Aquí desembarcamos y tomamos camino hacia el interior, para dirigirnos al Campo de la Alianza y de ésta continuar viaje al Puerto de Arica.
En este puerto se llevó a cabo una sangrienta batalla, siendo nuevas glorias para el Ejército chileno con la Toma del Puerto de Arica. Murió en esta refriega el Mayor don José San Martín.
En Arica nos embarcamos, haciendo el transporte rumbo al Perú.
Llegamos a Caleta María. Aquí desembarcamos y continuamos viaje por tierra al Puerto de Ica, el cual se entregó sin presentar batalla. De Ica, seguimos viaje por ferrocarril a Pisco. Este puerto se encontraba completamente desierto, entonces seguimos viaje por tierra a Tambo de Mora y de Tambo de Mora con dirección a Lima, verificándose a los alrededores de esta capital, las grandes batallas de Chorrillos y Miraflores, siendo para el ejército chileno unas nuevas glorias.
Después de estas batallas, ingresé a la ambulancia para sanar los heridos. A los pocos días de estar en ella, se nombró una comisión para llevar enfermos al sur, de la cual tomé parte y nos embarcamos en el Callao en el Vapor Amazonas con dirección a Valparaíso. Los enfermos fueron hospitalizados en el hospital del Carmen. A los enfermos los acompañé un poco de tiempo, retirándome después de las filas del Ejército. El jefe del hospital, al retirarme, me dio un certificado, el cual se me quemó en un incendio que hubo en Iquique hace algún tiempo, como también mi ropa, quedándome como recuerdo de Lima, el pompón del morrión de color lacre.
En todo el tiempo que serví en las filas del Ejército chileno, jamás recibí dineros por el servicio que prestaba porque no tenía necesidad. Hoy día, al elevar la presente solicitud a usted, es porque mis años, mi salud y en la pobreza que me encuentro me obliga hacerlo.
Según datos que he obtenido, en la Comandancia General de Armas de este puerto, se envió al Supremo Gobierno una solicitud informada, con fecha 15 de Septiembre de 1924.
En esta virtud
A V. S. suplico, si lo tiene a bien, se sirva disponer se tomen algunos datos a los sobrevivientes del 4° de Línea que puedan corroborar lo antes expuesto y decretar que se me asigne una pensión para pasar los últimos días que me quedan.
Es gracia, a nombre de María Rojas que figuró con el nombre de Pedro María Rojas.
Con estas palabras de mujer patriota, simple y humilde, la cantinera del 4° de Línea suplicaba una simple ayuda, como miles de sus compañeros que el Estado había abandonado hace ya muchos años. Pero como a burocracia no tiene ni sentimientos ni memoria, se debió recurrir a sus camaradas de armas de la epopeya del 79, que en masa fueron a prestar declaraciones que corroboraban cada una de las palabras de la gloriosa cantinera.
Amador Gaillard, soldado cívico fue uno de los que apoyó los dichos acreditando con las siguientes palabras.
Amador Gaillard Galindo, quien bajo promesa de decir verdad expuso: Ser mayor de 67 años, soltero, chileno, natural del Departamento de Chillán, lee y escribe, jornalero y residente en esta más o menos veintiséis años y dijo además ser fiel en lo que ha de contestar a las siguientes preguntas del señor fiscal:
FISCAL: Conoce usted a doña María Rojas Moya?
DECLARANTE: Si señor, conozco a doña María Rojas Moya desde hace más o menos veintiséis años en este puerto y en la época de la Guerra del Pacífico también, pero sólo por el nombre: “DOÑA MARÍA LA CANTINELA” y que servía en el Regimiento 4° de Línea.
Los testigos pasaron uno a uno para no dejar duda alguna de la participación de María, para terminar los relatos ella misma, para plasmar la verdad de una historia hermosa.
Declaración de la peticionaria doña María Rojas Moya.
Con la misma fecha de la diligencia anterior compareció ante el señor Fiscal y Actuario doña María Rojas Moya quien bajo promesa de decir verdad expuso: Ser mayor de sesenta y cuatro años, soltera, chilena, natural del Departamento de Rancagua, no lee, ni escribe, labores del sexo y residente en esta, según lo recuerdo desde el año mil ochocientos ochenta y cuatro y con respecto a la veracidad con que ha de responder al siguiente interrogatorio del señor Fiscal juró hacerlo:
FISCAL: La firma estampada al pie de esta solicitud ¿La reconoce como que es la de la persona a quien usted aceptó para que lo hiciera en su lugar?
DECLARANTE: La reconozco, por cuanto es, o pertenece a la persona de don José Bonelli Zappa, a quien rogué firmara por mí.
FISCAL: ¿Ha servido usted en el Ejército chileno durante la guerra contra el Perú y Bolivia aliados y cuanto tiempo?
DECLARANTE: Si señor, serví en el desde que se iniciaron las operaciones; más claro aún desde que fui expulsada de Iquique por el pueblo peruano, ciudad en donde residía hasta ese entonces. Para conseguir enrolarme en las filas de nuestro ejército hube de tropezar en algunas dificultades, consiguiendo por fin, ser aceptada como cantinela en el cuarto de Línea, en cuyo cuerpo permanecí, faltando poco para darle el remate a la guerra como lo indica mi solicitud.
FISCAL: ¿En qué acciones de guerra principales se encontró usted?
DECLARANTE: Además en aquellos nombres que indica la solicitud, en CHORRILLOS y MIRAFLORES, hasta entrar triunfante en la capital de nuestro principal enemigo: Lima.
FISCAL: Puede usted presentar unos tres testigos que den fe, no solamente de que usted participó en la guerra sino que también que constaten es usted María Rojas Moya autora de la solicitud de pensión sobreviviente mil ochocientos setenta y nueve, ley número cuarenta veintidós y auto cabeza del presente sumario?
DECLARANTE: Puedo presentarle las siguientes personas, quien son también sobrevivientes de la Guerra del Pacífico: Pedro Montesinos Delgado, Amador Gaillard Galindo, Ricardo Rivera Marín.
FISCAL: Puede decirme señora, ¿Por qué no extendió una solicitud mucho antes?
DECLARANTE: Porque en época de la guerra tenía recursos suficientes para vivir con holgura y aún estos últimos años y que por lo tanto, le haya irrogado gasto alguno al Estado, pero hoy, que estoy necesitada y sin recursos me he permitido acercarme al Gobierno.
FISCAL: Tiene algo más que agregar?
DECLARANTE: Nada más señor
No teniendo más que agregar ni quitar y leída que le fue la anterior declaración, se ratificó en ella y en todas sus partes y no firmo de puño y letra por lo poder hacerlo por sí misma.
Una historia simple, de una mujer simple, que descansa en Pisagua tras cumplir con su deber patriótico de defender a Chile y su hermosa bandera.
Gracias Cantinera Soldado, y gracias Miguel Riquelme por compartir el modesto y último hogar de una gloriosa cantinera.
La primera foto es tomada de la Lista de Revista de Comisarios de mes de Octubre de 1879 del Regimiento 4° de Línea, donde se registra el ingreso de las cantineras Josefa del Carmen Herrera y de María Rojas como soldados, lo más seguro disfrazadas de hombre y con os nombres José del Carmen Herrera y Pedro Rojas.
Este sumario se encuentra en el Departamento Histórico Militar del Ejército de Chile, Fondos Decretos supremos Tomo 689
Un hombre solo muere cuando se le olvida…..

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here